El boom de las series y mini-series de época inspiradas en obras literarias

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Cuando la literatura inspira a la pantalla chica:


El boom de las series y mini-series de época inspiradas en obras literarias

Durante el último tiempo se ha podido apreciar una creciente producción de series de televisión inspiradas en trabajos literarios. Las nuevas adaptaciones televisivas de novelas y relatos de época no sólo han cautivado a la audiencia de la pantalla chica, sino que han reanimado el interés por la lectura de dicho tipo de literatura.

 por Francisca Allende Celle

Las adaptaciones de distintas obras literarias al formato televisivo han comenzado a predominar entre las preferencias de la audiencia de la pantalla chica. El creciente interés del público por este tipo de producciones y la predilección de los espectadores por aquellas tramas que fueron cuidadosamente urdidas por autores de best-sellers o de cuentos memorables, se vuelve aún más evidente al reparar en los ratings que han conseguido -en especial- las series y mini-series de época que se encuentran inspiradas en obras literarias.

El éxito alcanzado por aquellas series de época que han sido adaptadas desde el mundo de la literatura, no ha dejado indiferente ni a los asiduos lectores de dicho género ni a quienes nos encontramos -de alguna forma- inmersos en el mundo de las letras. Cuidadas escenografías, deliciosas atmósferas y una serie de entrañables personajes desbordan este tipo de producciones televisivas, embelezando dulcemente a la audiencia con la insuperable urdimbre de connotados escritores.

Como lectora, debo admitir, no suelo confiar en las adaptaciones televisivas o cinematográficas que se realizan a partir de los  influjos -más o menos- sublimes de una pluma. No creo que pueda plasmarse en imagen aquel inconmesurable mundo que configura -para nosotros- el autor del escrito. La emociones que brotan de cada línea, el ritmo punzante de la narración, el efecto balsámico de la ficción que es narrada con tibieza, la íntima relación que forjamos con el narrador, son aspectos que no creía que se pudiesen transferir al formato televisivo. Sin embargo, tras ver unas cuantas de estas producciones, pude sentir como el mullido mundo de los relatos cobraba vida ante mis ojos y me engullía -lenta pero amablemente- mediante una puesta en escena deslumbrante.

Aunque de una manera del todo diferente a aquella generada por la experiencia lectora, estas series me entretuvieron, reconfortaron mi alma e, incluso, me incitaron a releer un par de novelas que languidecían -olvidadas- entre los demás ejemplares de mi anaquel. Tras experimentar este último impulso y mientras retomaba antiguas lecturas, me fue imposible dejar de pensar en las posibles potencialidades que podría poseer la visualización de estos tipos de producciones televisivas como formas o estrategias de fomento lector. En otras palabras, me pregunto si, tal como sucedió en mi caso, otros también se sintieron animados a releer los escritos que dan vida a las series  y si, en el caso de que la audiencia no fuese lectora, ¿el cuidado despliegue del mundo del autor en la pantalla chica sería suficiente motivación para que el público se aproximase a la obra literaria en cuestión, convirtiéndose -de esta forma- en un público de potenciales lectores?

La aproximación a la literatura mediante producciones cinematográficas o televisivas es una realidad. La industria televisiva ha buscado -hace ya muchos años- inspiración en el mundo literario, por lo que no resulta nuevo el hecho de que el cine pueda constituirse en puente para la literatura o viceversa. Más recientemente, también hemos podido ser testigos de este cruce entre el mundo literario y el cinematográfico, entre la palabra escrita y la imagen.

Desde el boom mediático de la saga de Harry Potter, luego sucedido por los éxitos editoriales de “Twilight” y “The Hunger Games”, hemos sido testigos de un fenómeno doble: los lectores fanáticos de estas obras acudían en masa a las salas cinematográficas para ver cómo cobraban vida sus lecturas favoritas y, por otra parte, aquellos espectadores que no habían leído dichas obras, comenzaron a atestar las librerías en busca de una copia del escrito sobre el cuál se había construído la producción audiovisual.

Teniendo eso claro, la verdadera pregunta es hasta qué punto un arte puede potenciar al otro y en qué medida los espectadores de las series basadas en novelas podrían -finalmente- convertirse en potenciales lectores.

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La TV como arqueóloga de la literatura pasada

En la actualidad, es posible encontrar series televisivas con los más variados contenidos. Aunque hay atractivas producciones pertenecientes a los géneros de fantasía, misterio, ciencia ficción o comedia, se ha registrado un notorio interés de la audiencia por aquellas series que, basadas en obras literarias, relatan acciones y dramas de tiempos pasados.

Estas nuevas producciones televisivas, cuyas características nos permiten imaginarlas como un híbrido entre la novela histórica y la romántica, tienen como fuente de inspiración éxitos editoriales y clásicos de la literatura cuyas acciones se desarrollan en épocas ya lejanas.

Desde los enrevesados entresijos de la sociedad georgiana de las afamadas novelas de Jane Austen hasta los retratos sociales de los relatos victorianos de la inglesa Elizabeth Cleghorn Gaskell, las mencionadas series y mini-series de época ofrecen -a los espectadores- una nueva forma de inmiscuirse en las complejas dinámicas sociales, políticas y religiosas de los siglos pasados.

Las obras que sirven de inspiración para estas producciones televisivas corresponden a escritos capaces de desentrañar el devenir de realidades que -aunque pasadas- aún encuentran una fuerte resonancia en nuestros días. Se trata de obras que abordan temáticas que trascienden en el tiempo, que delinean atractivamente a los más variopintos personajes que conformaban las sociedades antiguas y que deslizan -soterrada o abiertamente- ciertas críticas a los sistemas sociales de antaño, permitiendo que los lectores -y posteriormente los espectadores- puedan dilucidar un mundo regido por formas y apariencias de otros tiempos.

Valiéndose de un tono irónico, de notas de humor y del rescate de tumultuosos romances, estas obras literarias esbozan un realismo mitigado que no sólo resulta atractivo para el lector/espectador, sino que -además- permiten que el público se sitúe fácilmente en medio de las relaciones de condes y reyes, entre industrias florecientes y la pobreza de aquellos marginados del proceso modernizador o, en otros casos, llevan a que la audiencia pueda -simplemente- sentarse tranquila entre la profusión de cojines de alguna acomodada salita inglesa donde el destino de hombres y mujeres se discute junto a una taza de té.

Entre las distintas novelas que han sido adaptadas a la pantalla chica, cabe mencionar el excepcional caso de las obras de Jane Austen. Los melodramas de la autora inglesa son, sin duda, unos de los favoritos de los productores televisivos y de la misma audiencia. Esto puede corroborarse fácilmente al notar el gran número de series y películas que se han realizado a partir de las atractivas historias de una de las plumas favoritas de Inglaterra.

Un fenómeno parecido a lo que ocurre con Austen, lo encontramos en los entretenidos casos de Sherlock Holmes (Arthur Conan Doyle) y en la pluma más romántica de Elizabeth Gaskell. Mientras en el primer caso, el suspenso y el atractivo de los personajes proporcionan el material idóneo para dar vida a cautivantes películas, series y otras producciones televisivas, en el segundo caso, es el matiz del relato el que asegura la fidelidad de una determinada audiencia: la combinación entre romanticismo y escenarios llamativos, junto a un brizna de crítica social, pareciera cautivar a un público similar a aquel que es asiduo a las denominadas “novelas landscape”.

Hay que recordar que las “landscape novels”, subgénero en el que confluye lo histórico, lo romántico y los paisajes exóticos, se convirtieron -hace unos años atrás- en todo un fenómeno editorial. El boom por este tipo de literatura, indudablemente impulsado por las sagas de la autora alemana Sarah Lark, le ha garantizado un espacio significativo al interior del mundo editorial, siendo posible encontrarse -actualmente- con varios de sus representantes atiborrando las vitrinas de las librerías.

Recomendaciones de una asidua espectadora de mini series

Si debo destacar alguna de las nuevas producciones que han invadido la pantalla chica, les recomiendo -sin lugar a dudas- ver las mini-series “Howards End” y la nueva versión de “Mujercitas”, así como -también- seguir la inusual trama de “The Miniaturist” (adaptación de la BBC de la novela homónima de Jessie Burton) y la conmovedora producción de “Call the midwife”. Esta última serie dramática se encuentra basada en las memorias de Jennifer Worth, enfermera que trabajó como comadrona en el East End de Londres en la década de 1950.

“Howards End”, basada en la novela homónima de E. M. Foster y producida por BBC One en el 2017, cuenta con cuatro capítulos a través de los cuales se narra la historia de dos hermanas independientes y poco convencionales, mostrando tanto la relación de éstas con la sociedad en que vivían como las particulares características de sus respectivas vidas amorosas.

Junto con los diálogos -elegantes y delicados- de la novela de Foster, la producción televisiva incluye preciosos paisajes londinenses y escenarios de época sumamente bien logrados. La cuidada puesta en escena, en cierta forma, recuerda otra de las producciones que fueron llevadas a cabo a partir de esta novela: “Regreso a Howards End”, película de 1992 protagonizada por Emma Thompson y Anthony Hopkins, fue celebrada por la crítica y ganó los Oscars a mejor actriz (Thompson), mejor guión adaptado y mejor dirección artística.

miniserie03La miniserie “The Alienist” tampoco se queda atrás en cuanto a construcción dramática y escenografía. A pesar de que en los últimos capítulos no se profundiza en el carácter de cada uno de los personajes (desoyendo el ritmo propio de la narración dramática) y la trama se torna un tanto plana, la mini serie sigue siendo lo suficientemente interesante como para mantener la atención del espectador. Además, ésta cuenta con las excelentes actuaciones de Daniel Brühl en el rol de Lazlo Kreizler, Luke Evans como John Moore y Dakota Fanning interpretando a Sara Howard.

Esta mini serie de diez capítulos se encuentra basada en la novela “El Alienista” de Caleb Carr, publicada en 1994 y ambientada en el Nueva York de 1896.

Entre las serie de época que fueron emitidas no tan recientemente, las que más se adecúan a mis gustos son “Miss Marple”, basada en las novelas de misterio de Agatha Christie, y “Padre Brown”, producción inspirada en el protagonista de las  historias cortas del novelista inglés G. K. Chesterton. Mientras en la primera mini-serie el público podrá observar como una curiosa y entrañable anciana resuelve los más diversos misterios y casos de asesinato, en la segunda es un párroco provincial quien lleva a cabo agudas pesquisas con el fin de develar intrigas y resolver misterios.